El Cronista Liberal

Este blog tendrá comentarios sobre las notas que aparezcan en el diario El Cronista Comercial, desde la óptica del análisis propuesto por la doctrina liberal clásica y la Escuela Austríaca de Economía.

domingo, 8 de abril de 2012

El Patriota

No. No me refiero a la la película de Mel Gibson del 2000. Me refiero al individuo quien, coyunturalmente, se arroga las potestades de disponer sobre la fortuna (y en consecuencia, la vida) de muchos compatriotas. Me refiero al individuo que armado hasta los dientes de soberbia, fanatismo, ignorancia y fundamentalismo ideológico, se abandona a sus más íntimas pasiones y se ubica por sobre quienes él considera sus "enemigos".

Me refiero al sujeto amparado bajo las polleras de una gobernante igual de ciega y -por lo que cuentan las crónicas que de a retazos se van tejiendo- bipolar, seguramente abrumada por su propia omnipotencia, agrandada por la irresponsable atomización de una oposición que no debe estar muy lejos de ella en el amor desmedido por el poder. Obnubilada por una sociedad indolente, conformada por individuos acomodaticios que a lo largo de la historia aprendieron que el poder es un coto de caza que se disputan algunos. Que a ellos, los "dirigidos", "el pueblo", los "queridos descamisados", los "hermanos y hermanas de la patria" del dirigente en cuestión, los "argentinos y argentinas", a ellos lo que más les conviene es no levantar el avispero, acomodarse a las circunstancias, comprar dólares y esperar que pase. Hasta que llegue el próximo, con más (no nuevas) promesas, con más (no nuevas) soluciones. Con más palabras que endulcen los oídos agrios por tantas promesas incumplidas.

El "patriota" al que me refiero es Guillermo Moreno. Un personaje oscuro y minúsculo, que no tuvo ningún aporte a la ciudadanía, mirando apenas los 20 años anteriores al inicio del régimen K (no es que ahora lo tenga, por supuesto). Un sujeto que representa los más bajos escalones de la civilidad, encarnando la violencia, la prepotencia, el patoterismo, la fuerza por sobre la razón, la imposición por sobre la conciliación, la discrecionalidad por sobre el estado de derecho, el oprobio por sobre la libertad.

Pero Guillermo Moreno no es más que un triste títere. Un Pinocho de madera que cree tener vida propia, cuando en realidad es la marioneta de una mujer desencajada de ambición, a quien las tragicómicas circunstancias históricas la posicionaron en el lugar y el momento justos. Porque en republiquetas bananeras como ésta, ser "la mujer de" puede posicionar a alguna en el máximo escalafón institucional. No es la primera vez que sucede... Eso, y la soja a U$S 500 por Tn. hicieron "el milagro".

Y aquí estamos. Sufriéndolos nosotros y nuestra posteridad. Pero al usar el plural no me refiero solo a este par de payasos que más que risa provocan llanto, sino que, junto con ellos, a todos los individuos que teniendo la oportunidad histórica de convertirse en Patriotas, de mirar por ellos mismos y los intereses que representan, podrían haber también mirado por la institucionalidad, por la República, por la dignidad y -en definitiva- por la posteridad. Me refiero a los Rattazzi, a los Juan Carlos Sacco y toda UIA, a los Barone, a los Victor Hugo Morales, a toda la caterva de mediocres que por distintas circunstancias llegaron a ocupar espacios legislativos (lo que es lógico, siendo que la política Korrupta es hoy la principal herramienta de movilidad social ascendente, apenas seguida de cerca por los múltiples "Bailando..." de Tinelli, Gran Hermano, y si sos joven y linda, la producción doméstica de un video porno con algún jugador de futbol y su difusión en Facebook o Twitter).

Moreno no solo no es un patriota, sino que es un alto traidor a la Patria. Para aquellos que adhieren al concepto "Patria", la traición radica en la inmoralidad de las medidas proteccionistas y prebendarias en sí mismas, y en la presunta convicción con la que el muy cretino actúa. Moreno no "hace Patria" al prohibir el ingreso de bienes importados. Al contrario, Moreno aniquila la Patria ya que el mundo entero no va a ver al productor A, ni al productor B tratando de venderle sus producciones. El mundo va a ver a "la Argentina" -como les gusta usar y abusar a estos nuevos acólitos de la cultura Nac&Pop- incumplidora, oscura, cerrada, corrupta, confrontativa más que cooperativa. Entonces A y B dejarán de ser A y B para ser "los argentinos" a quienes se preferirá no comprar ya que los gobiernos del mundo comprador habrán impuesto trabas iguales a las ordenadas por Moreno, haciéndoles imposible el acceso a A y B, los Argentinos, a ese mundo comprador.

Se olvida, o no le importa en lo más mínimo, que sus minúsculas acciones de país esmirriado y tercermundista tienen consecuencias. No sólo las que movilizarán o no el voto doméstico, sino las que terminan concretando el desarrollo o la pobreza. Moreno acciona, el mundo reacciona. Y la Argentina no es "los Beatles", Steve Jobs o el Dalai Lama marcando tendencias e innovaciones materiales o espirituales. La Argentina es el país en el que la idiosincrasia del más vivo, del más "piola" llevó a que el populismo se instaurara hace 60 años de la mano de Perón, y perdiera el status de potencia mundial que, de haber seguido con devoción religiosa a la Constitución de 1853 hubiera podido ser.

Moreno no está inventando la pólvora ni la rueda. Moreno está poniendo en práctica una política de al menos 500 años, ya que fue el Mercantilismo iniciado en el Siglo XVI el que impuso la moda de la intervención estatal y la designación de los más ricos del momento como los beneficiarios de participar en el comercio exterior de la época.

El Mercantilismo -básicamente- consistió en la financiación de la política de manera muy similar a lo que ocurre hoy en día. Mientras que por aquel entonces eran los más ricos, los incipientes burgueses y resabios de nobles ricos los que tranzaban (en el legal sentido del término) con los Monarcas y gobernantes, de los también incipientes estados-nación, hoy somos los millones de individuos quienes, produciendo y siendo obligados a pagar impuestos, financiamos a la nueva oligarquía que es la clase política.

Algunos son más vivos que otros, y tienen la "suerte" de ser amigos de Perón, de los militares de la Junta durante el gobierno militar; de ser los pollos de Mazzorin o fabricantes de guardapolvos del hermano del Alfonsín. Puede ser que tengan un poco más de suerte y sean también amigos de Menem y todo el sultanato que lo rodeó. Y el Jack Pot se lo lleva el que -oriundo de Santa Cruz, o exiliado en esa Provincia, conoció a Lupo de pichón, pasó de ser chófer y "che pibe" a dueño de un multimedios en esa Provincia. O bien se ligó algún puestito de secretario de transporte. Pero la historia se repite, y la Providencia es eso... providencial. Así que, joven argentino, si tienes entre 20 y 40 años, nada de escrúpulos, un poco de facha y muchas, pero muchas ganas de hacerte millonario de la noche a la mañana, no dudes de acercarte a La Cámpora, porque de estar dispuesto a besar el anillo del heredero, y a quemar a un tipo (en sentido institucional, lógicamente) para mostrar lealtad a Maximo, pues entonces no dudes, hijo mío, que tu turno ha llegado.

En consecuencia, todos aquellos que no hemos sido signados por esta suerte, y nos toca fungir de ciervos de esta gleba K, tenemos algunas alternativas. La primera de ellas, es emigrar. A cualquier lado. Dicen que Uruguay está lindísimo! Y ya los hay, varios de  nosotros, que han seguido ese camino.

La segunda es luchar. Luchar. Luchar y luchar. A brazo partido. Con todos los medios a nuestro alcance. Y esos medios pueden ser escuetas conversaciones con vecinos en el ascensor, taxistas en un corto viaje (que puede no serlo tanto si es que nos intercepta un piquete), las madres y padres de los compañeros de colegio de nuestros hijos, la gente que quiere conversar en las colas...  Prenderse al Twitter, armarse una cuenta de Facebook. Y hablar. Hablar con todo el mundo, sin pudor, sin vergüenza, sin barreras y sin temor al "qué dirán" en contra de este gobierno nefasto y los mafiosos que lo componen. Hablar con fundamentos, con discursos estructurales que expliquen con claridad por qué estos personajes están hundiendo a esta Argentina, y a la Argentina del futuro, en un pozo en el que será (para nosotros, los no-políticos, los no-bailarines, los no-dispuestos a entrar a un Gran Hermano, las más jovatas y menos lindas, menos propensas a la filmoteca porno con un jugador de futbol), y para los que hoy son niños y en 15 o 20 años van a estar en situación de salir a buscar un trabajo, o pedir un Plan Descansar, o tomar alguna (o varias) de las medidas de movilidad social ascendente que tenemos hoy en día.

La tercera, no hacer nada. Porque total, después de estos vendrán otros que serán apenitas peores o apenitas mejores. Y, de última, sobrevivimos a Perón, a los militares, a Alfonsín, a Menem, a De la Rúa, a Neshtor y a la reina de la milanesa. ¿Por qué no sobreviviríamos a los futuros?

Y es verdad. Así sería, porque llega un punto en que los renunciamientos  a la libertad en gotas nos drenan de tal manera que no queda más alternativa que sobrevivir. Como "sobrevive", y no "vive", el pueblo cubano.

jueves, 7 de julio de 2011

¿Y para cuándo “instituciones para todos y todas”?


LA PRESIDENTA HARÁ EL ANUNCIO EL MARTES EN LA CASA ROSADA

En plena campaña, lanzan "lácteos y cerdos para todos"

06-07-11  Repetirán el mismo esquema de los planes Carne y Pescado para Todos. Habrá un camión con productos recorriendo el conurbano. Las cajas costarán hasta $ 40

http://www.cronista.com/contenidos/2011/07/06/noticia_0072.html


Para un futuro en el que este grupo de fascinerosos que ostenta el poder actualmente deje de hacerlo.
Pero, ¿por qué es tan importante que los gobiernos respeten a las instituciones? Y, aún previamente, ¿qué son las instituciones?, ¿a qué nos referimos al hablar de ellas?

En términos generales, la confusión surge porque la mayoría de las personas, al hablar de instituciones, imagina agrupaciones, establecimientos públicos o privados con injerencia suficiente en la sociedad como para admitir sin discusiones su existencia e importancia, sin perjuicio de la mayor o menor afinidad con las mismas. Así, “la iglesia” (en referencia a la iglesia católica), el “sindicato”, el “ejercito”, “la escuela”, “la empresa” son ejemplos de instituciones a las que las personas pueden visualizar al momento de hablar de instituciones. 

Pero más que esas agrupaciones, las instituciones que resultan relevantes para el desarrollo social, político y económico de una nación son aquellas conductas instituidas (valga la redundancia) en la sociedad en cuestión. En tanto estas conductas sean llevadas a cabo por los individuos de manera voluntaria y por convicción (es decir, sin coacción externa –legal o ilegal- que les exija ejecutarlas), las instituciones son un fiel reflejo de los sistemas de intercambio y relación que han probado ser exitosos para los intervinientes, y de ahí su profusión y difusión a toda la sociedad que también los adopta. 

Así, el “matrimonio” podría ser un ejemplo satisfactorio de las instituciones a las que nos referimos. Y como tal, podría pensarse que mientras en en un pasado cercano su celebración era imperativa para llevar adelante acciones y decisiones tan privadas como tener relaciones sexuales, o tener hijos, actualmente su abandono probó ser más “eficiente” para una sustantiva cantidad de individuos que llevan adelante una pareja, tienen sexo, forman una familia y viven en el mismo estado de comunidad con otro sin celebrar el matrimonio. Las consecuencias sociales de hacerlo son diametralmente opuestas a las que podría haber experimentado dos individuos que así lo decidieran en, por ejemplo, 1950. 

Douglas North (premio Nobel de Economía, 1993),  fue el primer economista que postuló las bases de lo que hoy se conoce como Nueva Economía Institucional (NEI). Básicamente, la NEI plantea la metodología de analizar el mayor o menor desarrollo de una nación en consideración a sus instituciones, las que de ser tenidas en cuenta proporcionarían un marco de estabilidad satisfactorio, disminuyendo la incertidumbre y abaratando costos de transacción. Su obra más importante en este sentido es “Institutions, institutional change and economic performance.

De ahí que, para lograr un desarrollo sostenido, resulta imprescindible evitar toda regulación que no mantenga una estricta observancia de las conductas y acuerdos voluntarios que den lugar a comportamientos culturales (en el sentido de conductas repetidas de manera voluntaria por una determinada sociedad). 

Estas intuiciones institucionalistas han probado ser reales. Desde hace cinco años se publica, con gran éxito, el Indice de Calidad Institucional, cuya elaboración encabeza Martín Krause. Este índice ha demostrado  que la mayor o menor institucionalidad  de un país impacta de manera directa (siendo aún la causa) en el mayor o menor desarrollo económico y social de una nación.

Pero para que el desarrollo suceda los gobiernos deben tener una concepción filosófica del individuo diametralmente opuesta a la sostenida por los colectivismos y populismos que actualmente tanto auge vienen teniendo. 

Mientras los colectivismos y populismos apelan a caudillos a los que endilgan prácticamente connotaciones místicas, de “bondad” y “sabiduría” absolutas, los gobiernos respetuosos de la libertad individual tienen al individuo como el máximo ente, centro de imputación de todos los derechos y todas las obligaciones. 

En ese orden de cosas, respetar la institucionalidad es poner al individuo que libre y voluntariamente decide conducirse de una manera dada en sus relaciones con otros individuos en el centro de la escena. En tanto ese intercambio contiene información que el notable economista austríaco Friedrich von Hayek identificó como “conocimiento de circunstancias de tiempo y lugar”, propias de cada uno de los individuos intervinientes, es imposible para cualquier mente humana, por más cualidades místicas que quisiera endilgárseles, contar la absoluta totalidad de datos, en tanto esta información a la que se referencia Hayek es de tipo no formal, no académica y dispersa entre todos y cada uno de los individuos que conforman una sociedad. De ahí el fracaso asegurado de Guillermo Moreno en su cruzada por la regulación absoluta y el acopio de información perfecta. 

En tanto los colectivismos descreen sustantivamente de la capacidad del individuo de velar por sus propios intereses, por un lado, y en la consecuente necesidad de contar con un “padre, tutor o encargado” protector que sepa mejor que él mismo (el individuo) lo que es más beneficioso para él, el liberalismo lo considera en su máxima extensión y magnitud, haciendo del individuo el verdadero amo de su propio destino, teniendo en miras en todo momento los límites de la propia libertad que estaría claramente dado por el imperativo de no dañar a otros en el ejercicio de esas libertades.  

Obviamente que esta estructura de poder, en la que el individuo es el centro de imputación de derechos y obligaciones, atentaría contra el esquema actual en el cual el poder se halla concentrado en un determinado grupo que se ampara bajo el paraguas de la entelequia estado. Mientras que reconocer a los individuos como los verdaderos poderosos dispersaría el poder entre cada uno de ellos, el esquema actual permite al grupo de funcionarios que copen el sistema estatal en un momento dado concentrar el poder, endilgarle a la entelequia los derechos y facultades y licuar en ella (por su mismo carácter de entelequia y colectivo) las obligaciones consecuentes. 

Y por el mismo juego de incentivos que la escuela del public choice explica magistralmente, esos individuos perseguirán en todo momento su propio interés por sobre el del colectivo, resultándoles el puesto público entonces una ecuación imbatible al momento de garantizar derechos y evadir responsabilidades. 

Por supuesto que para lograrlo el discurso que mantengan debe ser impecable al momento de disfrazar esas verdaderas intenciones, y tanto los dichos como las regulaciones deben presentar una pátina de “inclusión”, y de “benevolencia” que distraiga a los votantes de las verdaderas consecuencias: exclusión, sometimiento y cercenamiento de las libertades. De ahí el éxito rotundo del slogan “pan y circo, para todos y todas”.

sábado, 2 de julio de 2011

Nuevo insulto nacional y popular:¡Mercantilista!


MORENO, BOUDOU, GIORGI Y TIMERMAN LO FIRMARÁN JUNTO A LOS IMPORTADORES

Lanzan hoy plan para avanzar en un mayor control de las importaciones

01-07-11 00:00 El convenio, que suscribirán esta tarde en la sede de la Secretaría de Comercio, apunta a transparentar y realizar una correcta identificación del producto que ingresa 

http://www.cronista.com/economiapolitica/Lanzan-hoy-plan-para-avanzar-en-un-mayor-control-de-las-importaciones-20110701-0084.html
 
En los siglos XVI y XVII, y fundamentalmente como consecuencia del descubrimiento de América y los intercambios comerciales entre las metrópolis (España, Italia, Portugal, Gran Bretaña) y las colonias, una corriente de pensamiento denominada "mercantilismo" tuvo origen en Europa. 

En líneas generales, los mercantilistas fueron quienes introdujeron el concepto de "balanza comercial" y promovieron la férrea intervención de los estados-nación en el intercambio internacional de bienes, alegando que lo más conveniente para un país sería siempre contar con una balanza comercial "superavitaria". El sólo calificativo de superavitario da la pauta de que para esta línea de pensamiento lo mejor para un país sería lograr más exportaciones que importaciones.

Fundaban estas teorías en la analogía que realizaban entre los "países" y los individuos. Si para las personas era siempre más conveniente acumular capital (en aquella época, representado en metal), lo mismo sucedería para los países. Siendo que el metal se obtenía como pago por la venta de mercaderías, pues entonces lo mejor para un país era vender más (exportar) de modo tal de acumular más también. 

Pero este esquema adolece de importantes falacias, empezando por el hecho de identificar equivocadamente al sujeto de la conveniencia. Mientras para un individuo puede resultar cierto que la acumulación de capital es lo más beneficioso, no sucede lo mismo con los países por el simple motivo de que "los países" son entelequias que nada producen. Quienes lo hacen son los individuos que los habitan (1)

Así, las compras y ventas se producen como consecuencia de la división del trabajo, por lo que es imperativo no perder de vista que el mercado se compone de individuos que intercambian sus excedentes de producción de acuerdo a su propia escala de valoraciones. Así, yo produzco escritos judiciales en exceso de mis propias necesidades, los que intercambio por dinero, para posteriormente intercambiarlo por un juguete de Ben 10 de quien los produce en exceso de sus propias necesidades. En este esquema, personalmente valoro más el dinero que recibo por los servicios legales que presto, y menos que el juguete de Ben 10 que luego adquiero (porque el valor moral de ver a mi hijo felíz es superior al valor monetario del dinero que pago por el juguete). 

El éxito del mercantilismo ha sido rotundo. Cinco siglos después, las teorías no sólo no han mermado en su aceptación, sino que las medidas proteccionistas que atentan contra los intercambios entre personas de diversos países son cada vez más adoptadas .

Los populismos usan y abusan de esta metodología, en virtud de la cual -presuntamente- el gobierno "benevolente" mira por los intereses de los productores locales, y prohibiendo las importanciones los protegen de los malvados productores foráneos. Así,"cuidan los puestos de trabajo de los primeros", y además "acumulan cuantiosas divisas", que son las recibidas en pago por la venta de bienes y servicios producidos y protegidos. A primera vista, los gobernantes podrían parecer geniales. Sin embargo, no hay que ser muy inteligente ni ilustrado para notar que mientras los productores son protegidos, los que pagan los costos de esa protección somos los consumidores, que pagamos más caros los productos de fabricación local de lo que se podrían pagar los productos importados. 

Sin embargo, y como bien lo demuestra la nota de El Cronista de hoy, y permitiéndome la licencia poética de modificar un poco el dicho original, "no siempre la culpa es del chancho, sino del que le da de comer"; en este caso, la CIRA, Cámara de Importadores de la República Argentina (2), que se presta a la fantochada de firmar un convenio que no le representa ningún beneficio en concreto (excepto que lo hagan con vistas a resguardarse de ataques peores del gobierno y su doberman Guillermo Moreno), sino que por el contrario, los convierte en cómplices al legitimar políticas intervencionistas que no hacen más que perjudicar a la gran masa de afectados que somos los consumidores.

David Hume fue el autor clásico que más claramente expuso los errores de la teoría mercantilista. Básicamente el error consistía en una mirada cortoplacista y sin consideración de los incentivos que el proteccionismo significaría para todos los intervinentes. Así, no es viable para ningún país mantener el superavit comercial para siempre porque:
  1. Dado un país A exportador de... manzanas. Y un país B importador de manzanas, el mayor ingreso de los metales (las divisas) que percibiría A haría que la oferta de estos superara a la demanda, haciendo caer su precio y aumentando el de los demás bienes. 
  2. Por su parte, para el país importador B, por el contrario, la relación sería la inversa. Es decir, dado que B tendría un menor stock de metales (capital), los bienes disponibles en esa jurisdicción bajarían sus precios, aumentando el precio de los metales. 
  3. En consecuencia, B también se vería en la necesidad de exportar por dos motivos:
  • Los bienes serían más baratos que en A, por lo que mismo A ofertaría comprarlos, y
  • Para seguir comprándole a A (importando) necesitaría vender previamente, de modo tal de contar con las divisas necearias para pagar sus importaciones. 
Así, por el juego de incentivos y de oferta y demanda que la importación y la exportación generarían, la eterna balanza comercial no sólo es inalcanzable sino que, si lo fuera, podría resultar en una gran desventaja competitiva para el país acumulador de capital, dado que habría un exceso de oferta de ese capital, lo que atentaría contra la estabilidad de la moneda.

Por último, aplicar el criterio de balanza comercial positiva o negativa a las compras y ventas realizadas a terceros países no se sustenta en discriminaciones lógicas, o en circunstancias de aplicación objetivas. Los intercambios son importaciones o exportaciones por el mero hecho de tratarse de intercambios a través de fronteras políticamente impuestas por la voluntad de grupos dominantes en cada uno de los países en determinados momentos históricos. Normalmente, las fronteras tal como actualmente se las reconoce, son frutos de guerras y matanzas libradas en el pasado.

El comercio exterior no tiene ningún elemento o característica que le endilgue una naturaleza propia, distinta al comercio interior o doméstico. En uno y otro, el precio es la mayor herramienta de información disponible, en tanto dejado al arbitrio del libre intercambio de compradores y vendedores refleja el sistema de preferencias y productividad más eficientemente. De ahí que la intervención del estado imponiendo precios máximos, mínimos, impuestos y retenciones no hace más que distorsionar la realidad, transfiriendo ganancias de los sectores más productivos (y por ende más "votados" por los consumidores al momento de concretar las compras) hacia aquellos con mayor poder de lobby y mejor acceso y llegada al "Guillermo Moreno" de turno. ¿La CIRA, en este caso?.


 (1) "La nación (...) no comercia, intercambian específicos individuos de modo directo o indirectamente a través de asociaciones de diversa naturaleza. El tratamiento por separado del comercio exterior diferenciándolo del comercio interior se debe a la gran cantidad de falacias tejidas en torno a las relaciones internacionales" BENEGAS LYNCH (h), Alberto. Fundamentos de Análisis Económico. 12º Edición, Ediciones Sociedad Abierta, pág. 379.
 (2) No es de extrañar esta connivencia que reporta El Cronista. En su edición del 29/6 también se publicó que la UIA denunció la imposición del costo de un "seguro" obligatorio de $250 por cada container importado o exportado, en exceso de los seguros que ya paga el sector por el tránsito de la mercadería importada o exportada. La firma que cobra ese seguro es Ivetra, vinculada a.. Hugo Moyano, obviamente. La CIRA firmó un "convenio" con Ivetra para realizar la "auditoría externa"...
 



miércoles, 29 de junio de 2011

Bastiat y SADAIC


Proyectan una ley contra la piratería que subirá el precio de celulares, DVD y mp3

http://www.cronista.com/negocios/Proyectan-una-ley-contra-la-pirateria-que-subira-el-precio-de-celulares-DVD-y-mp3-20110629-0055.html

Arthur Cecil Pigou fue un economista inglés que realizó importantes trabajos en materia de lo que se conoce hoy como "economía del bienestar".

Básicamente, y de manera groseramente sintética, Pigou planteaba que ante la existencia de las fallas del mercado conocidas como externalidades (efectos de las actividades humanas causadas en terceros de manera involuntaria) la solución vendría de la mano de los impuestos y los subsidios.

Así, para solucionar las externalidades negativas, Pigou proponía la fijación de impuestos que desalentaran esas conductas, mientras que para las externalidades positivas, en lugar de impuestos se deberían otorgar subsidios a las actividades que las provocasen. De esa manera, los subsidios servirían de incentivos para que mayor cantidad de operadores abocaran sus recursos a esa actividad.

Este esquema de pensamiento ha sido magistral y sostenidamente refutado por los lineamientos de la Escuela Austríaca de Economía, y luego por el Teorema de Coase, dado que tanto los impuestos como los subsidios imponen la intervención del estado, el que -como lo demuestra Hayek- sufre de una insoluble asimetría de información. Es decir, no dispone de la totalidad del conocimiento, disperso entre millones de individuos, sobre circunstancias de tiempo y lugar que hacen que una asignación de recursos resulte mayor o menormente eficiente.

En la noticia de hoy (miércoles 28/6), El Cronista da cuenta del proyecto de ley del grupo de los iluminados a los que pertenecen el senador Pichetto ( http://youtu.be/xvZ2LFR0qF8) y el senador socialista Giustiniani, quienes en una afrenta más a los principios constitucionales de libertad y propiedad privada proponen la creación de un nuevo impuesto "del 5% sobre el valor de mercado a las tarjetas USB, a los rígidos integrados en un equipo, o no 10%; los decodificadores de tv por cable o satelital 10%, los mp3 (como los Ipod por ejemplo) 10%, las grabadora de discos compactos y/o versátiles y/o Blu-ray (CD / DVD / Blu-ray) 10% y los celulares con mp3 1%. Los que tendrán la carga más alta serán los “discos compactos y/o versátiles y/o Blu-ray, regrabables o no regrabables (CDR / CDRW / DVR / DVDRW / Blu-ray) con un 75 por ciento "


Ahora bien, la externalidad negativa que -presuntamente- estos impuestos desalentarían es la piratería de obras musicales y artísticas. Sin haber leído el proyecto de ley, no veo cómo estos impuestos pueden lograr ese objetivo dado que los productores de tarjetas USB, discos rígidos, decodificadores de TV, Ipods, grabadoras de CDs y celulares con mp3 difícilmente sean los muchachos que piratean las obras artísticas y con absoluta cordialidad nos la ponen a disposición en Retiro, por ejemplo, y aún de manera ambulante en subtes y trenes.

Es decir,  siguiendo a Pigou, parecería ser que Steve Jobs (Apple), Nokia, LG, Dell, etc. se dedicarían a fabricar todo lo que fabrican porque, en realidad, el "currito posta" es la pirateada soportada en los gadgets que producen....

Esta ley es apoyada por las asociaciones de autores, editores, productores y artistas que se consideran perjudicados por la piratería, quienes -en realidad- tienen una cohesión y capacidad de lobby abrumadoramente superior a la capacidad de lobby que cada uno de nosotros, consumidores de estos bienes eventualmente gravados, pueda tener.


Frédéric Bastiat tenía razón al decir, en su magnifica obra La Ley, "Pretendiendo organizar, regular, porteger, o fomentar, la ley toma propiedad de una persona y se la echa a otra; la ley toma la riqueza de todos para dársela a los pocos -ya sean campesinos, fabricantes, navieros, artistas, o comediantes. Bajo estas circunstancias, entonces desde luego todas las clases aspirarán a apoderarse de la ley, y eso es lógico "

Es increíble la visión y la capacidad de anticipación de este notable pensador. Ya en 1850 supo que  SADAIC tendría llegada a Pichetto y a Giustiniani... en desmedro de todos nosotros, los consumidores.
 

miércoles, 9 de marzo de 2011

Una de cal y una de arena....


Se podrá realizar en Argentina un contrato prematrimonial para el reparto de bienes

 
Una de cal...
 
En su edición de hoy El Cronista informa sobre la creación (por decreto, para variar) de una comisión reformadora de los Códigos Civil y Comercial.
 
Reformas a estos códigos se vienen procurando desde el retorno de la democracia, habiendo sido el más notable de ellos la incorporación del divorcio vincular en 1984, imposible hasta ese entonces.
 
Actualmente, desde los Artículos 1217 a 1322 del Código Civil se regula todo lo relativo al régimen patrimonial del matrimonio, identificado técnicamente como "sociedad conyugal". Por este conjunto de normas, todas aquellas personas que decidieran unirse en matrimonio, por ese único y automático acto pasan a ser titulares de dominio del 50% de todos los bienes que se adquieran mientras dure el matrimonio celebrado. Es decir, que a la culminación del mismo, sea por divorcio (1) , o bien por fallecimiento de alguno de ellos, el supérstite y los divorciados resultan propietarios y titulares de dominio del 50% de la totalidad de los bienes que se hubieran adquirido durante la validez del matrimonio... con independencia del real aporte a la producción de esos bienes que cada uno de los cónyuges hubiera hecho.
 
El tema es delicado, ya que para quienes adherimos a la doctrina liberal debería ser natural reconocer y respetar la definición de "aporte" que cada pareja, cada familia, tuviera. Así, para el matrimonio de Susana Giménez y Huberto Roviralta, por ejemplo, el concepto de "aporte" a la producción patrimonial durante el matrimonio puede distar sustantivamente del concepto de "aporte" que pudieran tener una pareja con un niño enfermo, al cual la mujer se dedicara a tiempo completo, resultándole imposible procurar ingresos pecuniarios. Sin embargo, la ley positiva aplica (y lo hizo) a ambos caso. Susana, ofendidísima por esta realidad se despachó en el programa de Grondona.
 
Con respecto a los bienes adquiridos con anterioridad al matrimonio, el Código Civil es claro: son propios de cada uno de los -luego- esposos.
 
Pero qué sucedería si los contratantes decidieran modificar esto, si a sabiendas de la mucha o poca producción de cada uno de ellos optaran por un régimen particular, aplicable exclusivamente a ellos, sus patrimonios y como consecuencia del común acuerdo al que llegaran. Qué sucedería, en pocas palabras, si los celebrantes quisieran ejercer el derecho a la libertad de contratar y a la propiedad privada de sus bienes.
 
No podrían hacerlo. Expresamente, el Artículo 1215 del Código Civil permite tan sólo dos convenciones matrimoniales: 1) identificar claramente los bienes propios de cada uno al momento de celebrar el matrimonio; y 2) las donaciones que el esposo hiciera a la esposa.
 
La buena noticia del día de hoy parecería ser la modificación de este régimen atentatorio contra la libertad y la propiedad privada, permitiendo que los contrayentes acuerden, previamente al matrimonio, el destino que tendrían los bienes producidos durante el mismo, por cada uno de ellos.
 
Una de arena...
 
Pero como no hay felicidad completa, en la misma noticia el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, comenta que "En materia patrimonial, también están los nuevos contratos, como la franquicia, concesión, fideicomiso y leasing", haciendo referencia a la intención de regular estos contratos, hasta hoy en día "innominados", en la jerga técnica, precisamente por carecer de regulación específica.
 
La franquicia comercial es un modelo de negocios que ha probado ser de un éxito inusitado. Básicamente, en virtud de este contrato un negocio próspero, con una metodología de comercialización probada y reconocida, ofrece en franquicia ese modelo, esa metodología, a quienes lo quisieran llevar adelante. Las ventajas son muchas y sustantivas para todos los intervinientes, partiendo de la inexistencia de "sociedad" entre el franquiciado y el franquiciante.
 
"La franquicia en Argentina lleva 21 años aplicándose y es un sistema que lo aplican más de 50 rubros de actividad. Según datos del Departamento de Investigación del Estudio Canudas existen actualmente más de 450 conceptos, es decir franquicias, que poseen alrededor de 21.000 bocas de expendio y que contratan a 165.000 personas, la facturación del sistema orilla el 2% del PBI Nacional" (http://www.estcanudas.com.ar/franch_notas.php)
 
Y todo eso SIN LEY NI REGULACIÓN POSITIVA QUE ENCUADRE EL CONTRATO!!
 
Lo mismo sucede con las Concesiones y los Fideicomisos. Es de muy antigua data y completamente institucionalizada la comercialización de vehículos cero kilómetros a traves de redes de concesionarias afectadas a una u otra terminal.
 
Y en cuanto a los fideicomisos, la Ley 24.441, de Enero de 1995, sirvió de marco para la explosión de financiación a través de la figura del fideicomiso, permitiendo diferenciar a los fideicomisos simples de los financieros, según el uso y el destino que se hiciera de este contrato. El boom de la construcción experimentado a partir del 2002, por ejemplo, se concretó en gran medida a través del uso de esta figura (fideicomiso simple). Y según datos del Instituto Argentino de Mercado de Capitales, en el 2009 se negociaron un total de $Ar 447.328.092 (http://www.iamc.sba.com.ar/Imgs/Dyn/ArchivosLenguajes/5104-2010-4-7T15-13-0.pdf) en fideicomisos financieros.
 
En resúmen, es muy positiva la posibilidad de modificación del régimen patrimonial del matrimonio, pero desalentadora la tentativa de regulación de figuras comerciales sustantivamente exitosas, en las que tan sólo la libertad de contratación entre las partes, los usos y costumbres (o instituciones, en el sentido utilizados por Douglas North), y -en definitiva- el orden espontáneo funcionaron como aglutinantes para la concreción de proyectos con ventajas y beneficios para los intervinientes.
 
La absoluta falta de confianza en la capacidad del individuo de velar por su propio interés, la necesidad de regular, de contar con "el marco jurídico adecuado", con la ley que pretenda saber más que las mismas partes y volverse omnipresente en las relaciones entre individuos es una herencia pesada del colonialismo y del sistema continental codificado, contra la que tenemos que levantar la voz en cada ocasión disponible. Y esta parecería ser una de ellas.
 
  (1) Salvo circunstancias particulares como los divorcios contradictorios por culpa de alguno de los cónyuges, declarado culpable en el juicio de divorcio






viernes, 24 de septiembre de 2010

Los peligros del positivismo

http://www.cronista.com/notas/246919-ley-recalde-empresarios-los-gremios-quieren-cogestion-companias


Ayer di una clase a los alumnos de grado sobre el papel de la Eficiencia como herramienta para el análisis económico del derecho, materia en la que me siento sumamente honrada de colaborar con la cátedra de mi admirado titular Profesor Martin Krause.

Al finalizar, y mientras se retiraban, les pregunté a un par de chicas si la clase les había resultado comprensible (es decir, si supe transmitir lo más acabadamente todo el concepto). La respuesta me devastó: "Sí, sí, muy bien... pero no me convenció".... Es decir, todo muy lindo, pero no te compro el peine para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama. Me sentí una vendedora ambulante! Conclusión.... el mensaje no les llegó.

En la noticia de hoy, tres dirigentes con impacto en la opinión pública y responsabilidad de dirección cada uno de ellos en su sector, a través de sus manifestaciones dieron el mismo mensaje que mi alumna: si está en la ley, está bien. Caso contrario, sería cuestión de o cambiar la ley para incorporar las ideas, o desechar las ideas por no estar incorporadas en la ley. Por supuesto, "la ley" es la ley positiva... lo que dice LA LEY!

Dos de ellos se opusieron a la pretensión comunista de Recalde y Moyano porque el tema "se puso sobre la mesa " (...) de una forma que no fue sometida a consulta tripartita previa como se establece en los convenios" (Funes de Rioja), y porque la propuesta "incumple con acuerdos de la OIT y no hubo consulta al sector empresario" (De la Vega). Es decir, ambos (y más grave en el caso de Funes de Rioja por su calidad de abogado) fundamentaron su oposición a una violación más al derecho de propiedad y a la Constitución Nacional en acuerdos escritos, en normas positivas, en pactos por escrito... pero ninguno de ellos en las consecuencias terribles para los grupos que cada uno dirige y para la nación en su conjunto que se permita continuar con la violación flagrante al derecho de propiedad, piedra basal del desarrollo de civilización occidental; un derecho humano vapuleado y sistemáticamente violentado.

El tercer dirigente -Biolcatti- fue el único que fundamentó su rechazo en un criterio racional, además de verídico y acertado, al decir que se oponía al proyecto de Recalde "por tratarse del avance de Moyano sobre los intereses económicos y empresarios".

Tendría que ser misión de todos aquellos que valoramos y apreciamos al ser humano en la integralidad de su dignidad rebelarnos contra el imperio del positivismo (herramienta muy bien utilizada por el socialismo), y de facilitar la reflexión sobre las motivaciones más profundas de las acciones, sobre la persecución del sentido inmanente más allá de los convencionalismos coyunturales que pueden (o no) expresarse en cuerpos normativos formales.

No es tampoco mi ánimo el promover el anarquismo, o el funcionamiento de la sociedad sin apego a la ley. Todo lo contrario. El respeto a las leyes es fundamental para un estado de derecho y para un desarrollo sostenido, para la seguridad jurídica tan añorada. Pero mi propuesta es la de fomentar una meditación, una reflexión más profunda sobre el valor genuino de una u otra norma; y generar una cultura crítica que no asuma la legitimidad del concepto por el sólo hecho de estar plasmado en una norma positiva.

Después de todo, la misma Constitución Nacional legitima con el máximo nivel de protección jurídica al derecho a la propiedad en su artículo 17... pero en el siniestro 14bis representa materialmente un derecho antagónico al darle la misma jerarquía al presunto derecho de los trabajadores a tener "participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección".

Ardua tarea la de los constitucionalistas, primero, y de la Corte Suprema, después, de arbitrar interpretaciones sobre estos contradictorios derechos amparados constitucionalmente.

Por lo pronto mi alumna no se "convenció" de lo transmitido en la clase de ayer, porque nunca se nos enseñó (al menos en la Facultad de Derecho de la UBA) que las leyes deberían perseguir un criterio de eficiencia para ser más útiles a la sociedad, y así, la "LEY" no dice nada al respecto. Por su parte, Funes de Rioja y De la Vega se apoyan en un fundamento enclenque -la propuesta comunista no siguió el proceso dictado por la "LEY"- para oponerse a un proyecto de inmensa peligrosidad para la continuidad del capitalismo (prebendario y amiguista, sí, pero al menos capitalismo) como filosofía económica que incluye y complementa a la vez a la filosofía política de constituirnos en un país democrático, republicano y federal.

lunes, 5 de julio de 2010

Los servidores públicos se aumentaron los sueldos...



http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1281230

La nota objeto de este comentario no fue publicada en El Cronista Comercial, sino en La Nación (3/7/2010), y da cuenta de una de las más grandes arbitrariedades que transcurren desapercibidas y sin efectos ni consecuencias gravosas para los diputados que la protagonizan. Aunque sí para el conjunto de la sociedad que paga impuestos.

La noticia reporta el aumento de sueldos (o "dietas") de los diputados porteños, quienes tuvieron la connivencia de alcanzar prácticamente la unanimidad de la decisión. En este contexto, sentidas felicitaciones a los diputados de Proyecto Sur que, aparentemente, votaron en disidencia. Sería admirable que lograran la misma sincronía al momento de tratar cuestiones de estado (municipal, en este caso).

Pero con la lectura de la noticia surge la pregunta de ¿por qué los diputados tienen ese sueldo y no otro inferior o superior? ¿Cómo se llega a determinar que ese es el "precio justo" por los servicios prestados? Y fomenta la inquietud de analizar qué son los salarios, y cómo se llegan a determinar. La Escuela Austríaca de Economía propone algunas respuestas.

En primer término, es muy importante tener presente que -a pesar del rosario de desvirtuaciones que lo afectan- el salario, o el sueldo, o las "dietas", no son otra cosa que el precio pagado por los servicios que en contraprestación a ese pago se presten. Es decir, los salarios que percibe cualquier empleado por su tarea o desempeño (es decir, por los servicios que presta), no difieren, en esencia y naturaleza del "precio" que, a su vez, deben pagar por otros servicios y bienes que consumen. Esa es la magia que opera en las sociedades modernas gracias a la división del trabajo.

En consecuencia, si consideramos que los salarios responden al valor que esos servicios tienen, representados en sistemas monetarios, deberíamos acordar que los salarios van a ser estructurados (y efectivamente pagados, llegado el caso) en virtud del acuerdo celebrado entre el prestador (el empleado) y el consumidor (el empleador) de los servicios prestados. De ahí que, al igual que con el resto de las transacciones, lo aconsejable es que el estado, como ajeno al intercambio contractual entre empleado y empleador, no intervenga fijando salarios mínimos, o impidiendo términos de contratación que serían libremente pactados entre las partes.

En un fantástico artículo publicado en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/abenegas/artbenegas1.pdf,Alberto Benegas Lynch (h) explica por qué los salarios pagados por las mismos servicios son diferentes si son prestados en Estados Unidos o en, por ejemplo, Paraguay: "Los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de la estructura de capital, es decir, de maquinarias y herramientas, equipos e instalaciones, combinaciones de conocimiento con recursos naturales que hagan de apoyo logístico para aumentar la productividad del trabajo".

Y, por supuesto, que la inderogabla ley de oferta y demanda hará lo suyo también. Pero, en el mejor de los casos, y en un esquema de intercambios libres y voluntarios, el salario no debería tener mayores ni distintas características que los de cualquier otro precio, sirviendo de sistema de información acabado, económico y eficiente.

De ahí que, en una sociedad abierta, el valor endilgadado a la prestación del servicio de que se trate (directorio, maestranza, operario, administrativo, personal doméstico, programador de software, legales, médicos, etc.) variará dependiendo, entre otros: (i) de la oferta y la demanda de esos servicios (a mayor oferta, menor precio, y viceversa); (ii) de la existencia de bienes de capital estimados per capita, y (iii) de las condiciones particulares que afecten a empleados y empleadores, y los determinen a ofrecer y/o aceptar respectivamente el empleo en cuestión.

En este marco de aproximación al tema de los salarios... ¿cómo se entiende el "sueldo" de los diputados? Es decir, quién demanda su función, qué tasa de capitalización existe para el desempeño de esa tarea, y -last, but not least- cuál es la libertad de contratación entre ellos (los agentes) y los individuos (el principal).

La función pública es, en la Argentina, el factor de movilidad social ascendente que antes era representado por la educación universitaria, por ejemplo. Aquel que acceda al puesto público cuenta con certezas varias. En algunos casos, la "estabilidad del empleo" (público), con las terribles consecuencias que ese -como cualquier otro- monopolio impone en el sistema de incentivos. ¿Cuál sería la motivación de cumplimiento eficiente de las obligaciones a su cargo si del incumplimiento no se desprenden consecuencias negativas, o concretamente la pérdida del empleo?

Pero en el caso puntual de los oficiales públicos que llegan a serlo por ocupar cargos electorales, la pregunta inicial se enfatiza. ¿No es acaso el cargo de "representante del pueblo" un servicio público? ¿No pretenden esos funcionarios trabajar en pro del "bien común"? Si es así, ¿el aumento de sus sueldos, de manera unilateral (en el marco de la relación contractual bilateral celebrada entre ellos y quienes los votaron), no afecta ese "bien común" que dicen resguardar y por el cual se volcaron a la vida del servicio público? Esto, debido a que los fondos que afrontan esos sueldos provienen de, precisamente, el público al que dicen representar.

En consecuencia, el esquema que surge de hilvanar lo dicho sería: el público (los individuos, en realidad) votan a un "representante"; esa representación es de carácter onerosa, ya que la misma se concreta por la contraprestación de pago en dinero. La motivación presunta del representante es la de cuidar y proteger "el bien común". Por su parte, el dinero para el pago de la representación onerosa surge, precisamente, del común representado. En consecuencia, ¿cómo se cuantifica el importe a pagar por esa representación, sin que el bien común al que se dice representar se vea afectado, precisamente, por esa representación?

El aumento de la carga tributaria -en el caso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a través del aumento en los impuestos a los Ingresos Brutos y a las tasas de ABL- es un indiscutible perjuicio para el "bien común", y más aún si el destino de esos fondos son el aumento del sueldos y dietas de diputados, que no es otra cosa más que el pago de la representación onerosa a la que, obligatoriamente -y en absoluta violación a la libertad de contratar- se impone a los individuos representados.